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Archive for 20 mayo 2010

Vista de Cotiella desde Pueyo (Fotografía de Manolo Enjuanes)

Dicen que lo cortés no quita lo valiente; por eso, sin desdecirme de lo publicado en este blog acerca de la Redolada y recordando que este medio no representa exactamente la opinión de Pueyo, sino la de un servidor (aunque siempre ha estado abierto a publicar los textos y las opiniones de todo el que quiera) deseo felicitar a mis vecinos (y a los de La Puebla del Mon) por el magnífico trabajo realizado, que ha hecho que la Redolada de este año, celebrada el pasado día 16 de mayo en ambas localidades (Pueyo de Marguillén y La Puebla del Mon), resultase todo un éxito de público, dejando el listón muy alto para próximas ocasiones. No es de extrañar, por supuesto, si se tiene en cuenta la dedicación y el trabajo invertido por ellos, que no descuidaron detalle ni dejaron de trabajar ni un minuto para que todo resultase a pedir de boca y la hospitalidad de ambas localidades para con los que se acercaron a visitarlas resultase verdaderamente proverbial.

Pero insisto, reconocer esto no significa dar un paso atrás en todo lo que, previamente, veníamos denunciando y reconozco que, en lo personal, la Redolada ha sido para mí un mal trago y un punto de inflexión en la relación con mis vecinos, que se ha enturbiado notablemente. Supongo que en gran medida la culpa es mía (o nuestra si la hago extensiva a los míos) pues, frente a la actitud de quienes dedicaron gran parte de su tiempo y energías en estas últimas semanas para que la Redolada saliese perfecta, nosotros decidimos no mover ni un solo dedo en favor de tal celebración, salvo, como ya decía en anteriores entradas, en lo tocante a hacer presente en la Redolada nuestro enorme malestar ante el proyecto de la Autopista Eléctrica Peñalba-Monzón-Isona, que insisto (y no es alarmismo) pone en verdadero peligro el futuro de Pueyo y de La Puebla, esto es, de las dos localidades que, pese a su escaso número de vecinos, demostraron estar hoy por hoy más que vivas.

Foto antigua de Pueyo (una de las expuestas en la Redolada)

Lo siento, pero en estas circunstancias se me hacía imposible estar de celebración y apoyar lo que, pese a todo lo dicho, creo que es solo un baño de multitudes para los políticos de turno que, sin hacer la más mínima mención al gravísimo problema que nos afecta, se llevaron su deseada foto. Bien saben los que me conocen que ni yo ni los míos vinimos a este pueblo para hacer nuestra vida a espaldas de los demás. Nos implicamos desde un principio en su comunidad y hemos estado hombro con hombro con nuestros vecinos en todas las ocasiones en que ha sido preciso, tratando de aportar todo aquello que ha estado en nuestras manos. Pero en este caso, vuelvo a insistir, nos resultaba imposible. Nos resultaba imposible, en fin, colaborar con un Ayuntamiento que solo nos defiende de boquilla, con un Ayuntamiento que solo se ha preocupado de nuestras necesidades con el fin de lavar la cara al pueblo para la Redolada (que, si no, la foto no queda bonita) y que, tras ella, nos tememos que volverá a olvidarse de nosotros (de momento ya se han llevado algunos de los bancos que trajeron, que se ve que solo eran para enseñarlos).

Personalmente, me quedo con tres instantáneas que manifiestan mi actual estado de ánimo. La primera muestra cómo quedaron algunas de las siemprevivas que, con infinita paciencia, habíamos ido haciendo crecer en estos años en el muro del jardín de nuestra casa. Se ve que los operarios del Ayuntamiento, en su afán por dejar todo impecable, las confundieron con malas yerbas y las destrozaron con su desbrozadora. En fin, es algo poco menos que anecdótico y que no tiene gran importancia (ya crecerán de nuevo, que por algo se llaman siemprevivas), pero muestra a las claras qué es lo que algunos entienden por arreglos, esto es, algo parecido a aquello de “meter la mierda debajo de las alfombras”. Nada parecido, desde luego, al afán de nuestros vecinos, que limpiaron, pintaron y hasta arreglaron tejados para que todo estuviese a punto.

En lo positivo, me quedo también con la foto de los homenajeados, entre ellos mi hijo Ibón, último empadronado en Pueyo. Porque en este caso la Redolada sí hizo verdadera justicia a aquellos que siguen manteniendo vivos nuestros pueblos (algo de lo que dudo que puedan enorgullecerse los que nos gobiernan y optan bien por promover o bien por no evitar con coraje y decisión las amenazas que acabarán convirtiéndolos en inhabitables).

Me quedo por fin también con la pancarta de nuestra casa, que expresó y sigue expresando nuestro deseo de seguir aquí con la cabeza alta defendiendo un lugar y una forma de vida que, seguramente, resultan incomprensibles para aquellos que descuidan los pueblos y solo se acuerdan de ellos cuando interesa aparecer en la foto o pedir el voto.

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